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miércoles, 26 de octubre de 2016

Cosas de hermanos (Relato de terror de menos de una página)


Mi hermana siempre quiere jugar conmigo. Es una buena hermana. Los buenos hermanos hacen eso ¿no? Juegan.

Tiene doce años. Es mi hermana mayor. No le importa que yo sólo tenga cinco. Le gusta jugar conmigo. Me hace sentir importante, me hace sentir tan mayor como ella. A veces me hace daño, porque los mayores tienen más fuerza que los pequeños. Le gusta jugar a la lucha, pero a mí no porque siempre pierdo. Me empuja muy fuerte y me hace caer. Me da bofetadas, me escupe, me insulta. Me llama niño asqueroso, niño mimado. A veces me da patadas.
Le  gusta meterme miedo, pero eso es normal, lo hacen todos los hermanos.

-Hay un monstruo debajo de tu cama.

Yo siempre miro, pero nunca hay nada.
El otro día me lo volvió a decir y yo miré otra vez, para que me dejara en paz.

-No hay nada, mentirosa- No sé qué pasó después. Noté algo raro, como un escalofrío por mi espalda. Y me quedé dormido. Cuando me desperté seguía colgando de mi cama. Volví a incorporarme y entonces me vi a mí mismo, tan claramente como cuando me miro en el espejo. Estaba tumbado en mis sábanas rojas. Pero mis sábanas eran de superhéroes. Luego entendí que no eran las sábanas, sino mi sangre lo que me rodeaba.

También la vi a ella, en la oscuridad, sentada en una esquina, mirándome y sonriendo, con el cuchillo todavía en su regazo.

-Ahora ya no eres el niñito de mamá y papá ¿Verdad que no?


No, ya no lo soy. Ojalá pudiera decirle que ahora soy algo que habita bajo su cama, y que algún día sentirá el impulso de mirar, igual que me hacía mirar a mí. Entonces me verá, podrido, descompuesto y sonriente, listo para que juguemos otra vez.

Titania Campuzano
Septiembre 2016

sábado, 9 de abril de 2016

La loca de las series: Mis 5 series favoritas

Pocas cosas me gustan tanto en el mundo como ver series. Cualquier momento es bueno para disfrutar de una serie, aunque estés de parto, buceando o en tu lecho de muerte.
Sí, adoro ver películas, pero la particularidad de las series es que te acompañan durante años (las largas, no las que duran un capítulo antes de ser canceladas) ves casi más a los protagonistas que a miembros de tu familia, y llega un momento en que se convierten en parte de tu vida. 


Hay días en los que no te apetece tragarte una película de dos horas y media, o simplemente no tienes la suerte de tener tanto tiempo libre. En estos casos, las series son la mejor opción, aunque no en mi caso particular, porque como me guste mucho una serie soy capaz de verme una temporada entera de una sentada, sin pestañear.



Me gustan muchas, muchísimas series, pero sólo cinco son "mis series" las que vuelvo a ver una y otra vez, cuyos diálogos me sé de memoria, y cuyas tramas vuelven a emocionarme como si nunca antes las hubiera visto.

Estas son, para mí, las mejores series de la historia:

NÚMERO 1



Por favor, si no te gusta Friends, te invito a que dejes de leer este post, apagues el ordenador y salgas de mi vida para siempre.

Friends es simplemente perfecta. Poco más se puede decir de esta maravillosa sitcom que se estrenó hace 22 años.
Esto...
¿¿¿22 años???

                       


Pues sí, 22 añitos. ¡Qué mayor se nos ha hecho! Pero no importa, porque Friends es atemporal. Aunque pasen cien años, nunca estará desfasada o pasada de moda, gracias a su combinación perfecta de guiones geniales y actores perfectamente elegidos. 

Esta serie ejerce un gran poder sobre mí. He visto cada capítulo decenas de veces, pero si hago zapping y aparecen mis seis queridos amigos tomando café en su sofá de siempre, no puedo cambiar de canal. Simplemente no puedo. Mi mente ha sido inmediatamente rodeada por el marco amarillo que tienen en la puerta. Ya no puedo apartar los ojos. He sido abducida.

Nos recuerdo a mi madre y a mí llorando como magdalenas cuando salieron los títulos de crédito en el último capítulo. Me sentí completamente huérfana de series (Sí, huérfana de series, me acabo de inventar ese término ¿qué pasa?)   

Cual adicta en recuperación, tuve que pasar el mono y acostumbrarme a la vida sin Friends. Pero al cabo de unos meses volví a ver la serie completa una vez, y otra, y otra... Porque ya sabéis si habéis leído mi post "No es amor, es obsesión" que si algo me gusta mucho, los límites entre lo "normal" y el "necesitas ayuda profesional" se desvanecen para mí. 

                                              NÚMERO 2

Hombres...¡no empecéis, que os veo venir! Sí, adoro Sexo en Nueva York, y sí, creo que es una gran serie, y os voy a explicar porqué. De acuerdo, es una serie para chicas, eso no os lo voy a negar. Entiendo perfectamente que no os llame la atención y que prefiráis ver camiones ardiendo y tiroteos en moto. Ningún problema. Pero NO digáis que Sexo en NY es una mala serie, porque no lo es. Si reunierais el valor suficiente para sentaros delante de la tele y tragaros las seis temporadas, comprobaríais que sus tramas son mucho más profundas de lo que puede parecer en un principio. 

Sí, se habla de sexo, obviamente, pero al final el sexo pasa a ser algo totalmente secundario. Es una serie que se centra en las relaciones en general, tanto de pareja como entre amigos o familia. Trata temas como el amor, la enfermedad, la maternidad, la muerte... No es sólo frivolidad y cosmopolitans (Aunque sí hay un poco de ambas, no lo niego)

Ves a unos personajes fieles a sí mismos, pero que van evolucionando y cambiando a lo largo de toda la serie. Enseña lo que significa ser una mujer "en un mundo de hombres" (aunque no me gusta ese término) y consigue que te des cuenta de que todas las mujeres llevamos un poquito de cada personaje dentro de nosotras. Incluso la hater más hater de Sexo en NY se sentirá identificada en algún momento con Carrie, Samantha, Charlotte o Miranda. Incluso a alguno de vosotros, machos de pelo en pecho, se os ha caído alguna lagrimilla al final de un capitulo. 
Sabéis que es verdad. 
Y quién diga que no, miente.

NÚMERO 3

¿Por dónde empiezo? Es tan difícil y a la vez tan fácil explicar porqué me gusta esta obra maestra. Es que es tan...tan...TAAAAAAAN buena. Por favor, si no has visto Breaking Bad ni siquiera termines de leer esto. Googlea Breaking Bad online y ponte a verla ¡pero ya!

Como actor, interpretar a Walter White tiene que ser un auténtico regalo, porque lo mejor que tiene esta serie es su personaje protagonista. Walter es como una cebolla, si me perdonáis la expresión tan poco glamurosa. Son capas y capas de pequeños matices las que acaban dando vida a un personaje tan completo y perfecto como este genio de la química.

Lo que esta serie pretende es hacer que los espectadores nos replanteemos las leyes morales que nos han enseñado desde pequeños.  Porque ¿dónde está el límite entre el bien y el mal? ¿Hasta dónde se debe llegar para proteger a tus seres queridos? Sabemos que Mr White hace cosas que podemos considerar "malas", ya que el tráfico de drogas, el secuestro, el asesinato, la extorsión y un largo etcétera no ayudan precisamente a ganarte tu chapa de boyscout. Pero, ¿es Walter White malo? ¿Hasta dónde llegaríamos nosotros mismos si nos ponen al límite? 
Ser malo o no ser malo, esa es la cuestión...

La dirección de esta serie, el montaje de los episodios, los actores, las tramas, la música... Todo se une para dar como resultado una de las mejores series de la historia. 

NÚMERO 4

Jóvenes lectores, es posible que no sepáis qué narices es esto. Pues eso, amigos míos, es "Las chicas de Oro", una serie de humor que nos muestra la vida de cuatro mujeres maduras que comparten una casa en la calurosa ciudad de Miami. Somos testigos de su amistad, su relaciones con los hombres y las idas y venidas con sus familias, entre otras muchas cosas. Se podría definir como un "Sexo en Nueva York" versión senior, con la diferencia de que esta es bastante anterior, pues estuvo en antena de 1985 a 1992. De hecho, los creadores de Sexo en Ny muy posiblemente se inspiraron en el personaje de Blanche (la primera desde la izquierda) para dibujar el personaje de Samantha: ambas son mujeres maduras, atractivas y solteras, cuyo hobbie principal es gozar de la compañía masculina lo más posible. A diferencia de Blanche, es muy habitual escuchar a Samantha soltando lindezas del tipo "polla, follar, coño, mamada" pero no nos olvidemos que a mediados de los ochenta todavía no era tan habitual que los personajes de una serie tuviesen semejante libertad de expresión.

Desgraciadamente, dudo mucho de que hoy en día alguien pensase en desarrollar una serie como esta. ¿Cuatro mujeres mayores (una de ellas de ochenta años) como protagonistas? ¿Quién va a ver eso? Hemos creado una sociedad que venera la juventud. Los personajes tanto de películas como de series cada vez son más jóvenes. Antes veías  en "Compañeros" o "Al salir de clase" a chavales de instituto siendo interpretados por chicos de 30 años. Ahora es al revés. Ahora a los 25 años ya se te ha pasado el arroz, o eso dicen...
Por eso cuesta imaginar que hoy en día una cadena compre una serie protagonizada por mujeres que pasan de 50 años. 
Afortunadamente en los años 80 eran un poco más abiertos de mente en algunos aspectos, así que se apostó por Las chicas de oro, y efectivamente ésta tuvo un éxito increíble. 
Se hicieron 7 temporadas, y la calidad de los guiones no descendió en ningún momento. Las cuatro actrices son simplemente magistrales y bordan sus papeles a la perfección.

Si tienes problemas de incontinencia no te aconsejo que veas esta serie, porque te vas a reír de forma incontrolada. Muchas de mis mayores carcajadas han nacido gracias a esta maravillosa sitcom.

Como curiosidades os cuento que Quentin Tarantino hizo de extra en un capítulo, donde salía imitando a Elvis Presley.


También apareció George Clooney cuando no era apenas conocido y francamente, aunque no soy muy fan de este hombre, creo que lo prefiero madurito. 

¡Y no podía faltar Julio Iglesias!


Betty White, quien interpretaba a Rose Nylund es la única de las cuatro que sigue viva. ¡Tiene 94 años y sigue actuando!


NÚMERO 5

Todo un clásico. Los Soprano es la serie de mafiosos por excelencia. Si te gustan El Padrino, Uno de los nuestros y Una historia del Bronx no sé a qué esperas para ver esta joya de la televisión americana. James Gandolfini - que falleció en 2013 - interpreta a Tony Soprano,  jefe de la familia de New Jersey. 

Por supuesto, me hice seguidora de esta serie gracias a mi padre, quién es un fanático de todo lo relacionado con el mundo de la Mafia, de hecho, Tony Soprano me recuerda a él en algunos aspectos, quitando EVIDENTEMENTE, la parte de mafioso asesino y cabrón. 

Sí, Tony Soprano es un mafioso asesino y cabrón, pero el personaje está tan bien desarrollado que ¡al final quieres que gane! ¡Te cabreas si algo le sale mal! Ahí es cuando te das cuenta de si una serie es buena o no: si te enamoras del protagonista aunque sea un malnacido, entonces los creadores han dado en el clavo. Porque al final tienes que admitir que Tony Soprano te cae bien, en el fondo es un buen tío, pero muy, muy en el fondo, a unos cuantos metros bajo tierra. La  serie te permite echar un vistazo rápido de vez en cuando al buen tío que se esconde detrás del jefe mafioso, y por eso acabas convirtiéndote en observador incansable de su vida, y rezando para que la policía no le atrape nunca.

¿Lo mejor de esta serie? Sus personajes y los actores que los interpretan. Todos, absolutamente TODOS los miembros de la familia son perfectos en su imperfección asesina.
Es una auténtica obra maestra.


lunes, 14 de marzo de 2016

¿Qué les pasa a los hombres? (No, en serio ¿alguien lo sabe?)

Me vais a perdonar por decidir ponerme un poco más seria en este nuevo post. No pretendo escribir una parrafada "para chicas" tipo revista Mia, Tuya, Delvecino, etc, si no hablar de algo que está pasando en nuestra sociedad, un cambio que ya se ha producido y a la vez se sigue produciendo en la población masculina, y que nos tiene a mí y a millones de mujeres con la ceja levantada y expresión perenne de WTF? Porque está claro que a los hombres les pasa algo, la cuestión es ¿el qué?


Antiguamente los hombres tenían que "currárselo" mucho más para conquistar a una mujer. Estoy hablando del clásico "cortejo" que ya sólo recordaran nuestros abuelos. Las mujeres eran admiradas y seducidas despacito y con buena letra. El hombre tenía paciencia porque sabía que la recompensa valía la pena, y esa recompensa era el matrimonio con la chica de sus sueños. Por supuesto siempre hubo y habrá "truhanes" que después de conseguir llevarse a la novia al huerto, si te he visto no me acuerdo. Pero esa es una especie que no desaparecerá jamás. Si hay una guerra nuclear sobrevivirán las cucarachas, algún molusco y los tíos sitehevistonomeacuerdo o miperromehaborradotunúmerodemóvil.

Por favor, que nadie se piense que estoy defendiendo la manera en que se trataba a la mujer en el pasado. Soy muy consciente de que la represión que sufrían hasta hace muy poco, así que ni por todo el oro del mundo querría que nuestra situación en la sociedad volviera a ser la que era. Aún nos queda mucho camino por recorrer, pero ahora  la mujer está consiguiendo liberarse del yugo del hombre, de la represión y del sometimiento constante. Eso sí, nuestro sueldo sigue siendo un 20%  inferior al del hombre. Ejem...

El caso es que a la mujer se la tenía que cortejar y la meta de ese cortejo era el matrimonio.
Hoy en día la meta ya no tiene que ser el matrimonio, y por eso digo: ¡Gracias al cielo! 
Y tampoco hace falta que se nos corteje, porque nosotras sabemos muy bien lo que queremos y no necesitamos serenatas bajo nuestra ventana para que vayamos a por ello. Repetid conmigo: ¡Alabado sea Dios!

Es maravilloso que los hombres y mujeres seamos libres de relacionarnos como nos dé la real gana. Podemos vivir juntos sin que se considere un pecado mortal, podemos tener hijos sin casarnos, podemos elegir no casarnos sin que se nos considere una viste santos, etc, etc. La mujer se ha liberado y ahora tomamos nuestras decisiones y vivimos nuestra sexualidad con alegría. 

PEEEEEEROO.....

Al igual que las mujeres, los hombres también han sufrido una transformación con el paso del tiempo. No es que ya no cortejen, ni  que busquen casarse con la mujer que aman, ni que pidan la mano al padre de la novia... Es que ahora pasan. Pasan de todo. Pasan MUCHO.

El hombre actual ha desarrollado un miedo atroz al compromiso. Es como si quisieran alejarse lo más posible de lo que una vez fueron. A mí me parece genial que se alejen, que huyan del estereotipo, que corran...pero, por favor ¡Parad ya, que os vais a caer por el borde de la Tierra!
La gran mayoría de hombres que he conocido últimamente se "agobiaban" con dos de pipas. Esa es la nueva frase favorita del género masculino "Me agobio" Los hombres se nos agobian, chicas, se nos agobian hasta cuando les preguntamos la hora en el metro. ¡No vaya a ser que queramos compromiso!

Los "truhanes", al igual que las apps de móvil, se han actualizado. Cada vez es más normal que los chicos sólo quieran rollos de una noche, algo que me parece totalmente legítimo, de hecho cada vez son más las mujeres que también lo prefieren. Estos chicos no quieren ni oír hablar de tener "algo más" con nadie. Ok, perfecto. Pero yo no hablo sólo de este tipo de hombre, hablo de chicos que están en una relación estable y que, aún así "se agobian" los pobrecitos.

Por ejemplo, hace poco supe de una chica que pensó que había llegado el momento de tener un bebé. Tenía 32 años, pareja estable y una buena situación económica. Un día decidió hablar del tema con su chico. ¿Resultado? El chico la dejó. El chico "se agobió"
El otro día, tomando algo en una terraza, una amiga de soltería recién estrenada me habla de que ha conocido a varios chicos geniales, pero que estos han desaparecido de un día para otro sin dejar rastro. ¿A qué espera Iker Jiménez para hablar de estas misteriosas desapariciones masculinas? ¡El tema es un filón!
Durante la conversación yo asentía a la vez que decía "A mi también me ha pasado" La situación se repite una y otra vez: Conoces a un chico, empezáis a salir, os lleváis fenomenal, todo fluye como la seda, aún no ha dado tiempo ni de hablar de formalizar la relación porque todavía os estáis conociendo, y de repente un buen día...
Nunca más se supo. Ni llamadas, ni mensajes, ni palomas mensajeras.

¿PERO QUÉ **** HA PASADO?

Yo te digo lo que ha pasado: se ha agobiado. Si muestras el más mínimo interés en ese chico, el chico se agobia. Si un día le escribes más de un whatsapp, el chico se agobia (¡qué pesada eres, tía!) si te paras a atarte el cordón del zapato delante de una tienda de ropa de bebés, el chico se agobia. 

Supe por una conocida que una chica llevaba seis meses saliendo con un chico. Todo iba muy bien, al menos eso creía ella. Hasta que un día el chico se esfumó. No le cogía el teléfono, ni la llamaba ni le dio ninguna explicación. Simplemente decidió que ya no quería verla más y pensó que la mejor manera de terminar con esa relación era desaparecer del mapa cual David Copperfield. Olé, dí que sí...

Lo sé, lo sé. Son casos aislados, hay chicos que sí quieren compromiso, no todos los chicos son así, bla, bla. El problema es que cada vez es más frecuente escuchar este tipo de historias. Si no te pasan a ti le pasan a tu amiga.
Los hombres se deben creer que todas las mujeres somos unas locas que sólo queremos enganchar a uno para casarnos y tener un montón de bebés. Pues desde aquí os digo, hombres del mundo, que NO es así. 

No sé que ha pasado para que os acojonéis tanto a la hora de relacionaros con las mujeres. A la mínima salís corriendo, a la mínima os agobiáis, a la mínima necesitáis espacio. Y yo pregunto ¿Por qué? ¿Por qué habéis pasado del blanco al negro? ¿Por qué la idea de compartir vuestra vida con la mujer que amáis de repente se convierte en algo tan insoportable? ¿Por qué un día os esfumáis en la niebla? Las comisarías no deben dar a basto con las denuncias por desaparición.

Por supuesto, he conocido a chicos fantásticos que no han desaparecido ni se han agobiado a los cinco minutos. Pero la cuestión es que en todos ellos he atisbado un punto de miedo, de desconfianza, de terror a dar un paso más. A veces pensaba ¿seré yo? Oh, Dios mío ¿SERÉ YO? Pero, no, no soy yo, y saberlo no sé si me consuela o me entristece. A mis amigas les pasa lo mismo, a las amigas de mis amigas, a las conocidas de mis amigas, a las primas de las tías de las conocidas de mis amigas. A todas. El virus del agobio se ha extendido tanto que no se cómo no hacen una serie tipo "Walking dead" porque como sigamos así ya no habrá niños en la Tierra, y si los hay los tendrán sólo madres solteras por fecundación in vitro. Los tíos no quieren ni oír hablar de bodas ni de bebés. Aunque tengas 40 años y lleves 20 con la pareja, da igual, estarás loca por sugerir que quieres dar un paso más.

El resultado es que las tías nos estamos empezando a cansar. Nos estamos hartando de ir de puntillas por si acaso hacemos ruido y espantamos al chaval. Nos da miedo decir "te quiero" porque los hombres deben pensar que decir "te quiero" es como decir "dame la mitad de tus bienes gananciales, ponme un anillo en el dedo y préñame aquí y ahora" Antes decir "te quiero" era algo bonito,  algo que todo el mundo deseaba oír. Ahora si lo dices te arriesgas a encontrarte un agujero con la forma de tu novio en la pared. 
¡Me quiere! ¡La chica me quiere! ¡Se preocupa por mí! ¡Me aprecia! ¡Me respeta! ¡Me admira! ¡¡DIOS MÍO QUÉ HORROR!!


Si alguien sabe por qué se está extendiendo tan rápidamente el Agobiovirus, por favor, explicádmelo. A mí y a todas las mujeres del mundo que pronto enfermaran de Queosdenvirus.

sábado, 5 de marzo de 2016

No es amor, es obsesión. Parte 2


Esto va de obsesiones, pero de obsesiones buenas, no de llamar y colgar al chico que te gusta ni robar sangre de recién nacidos para hacer rituales de amor. Esas cosas se hacen sólo en el instituto... ¿No?

Como ya conté en el post anterior, hay dos cosas en esta vida para las que las palabras "amar" o "gustar" se han quedado muy cortas. Ya os hablé de mi Beatlemanía enfermiza, así que hoy os hablaré de la obsesión merecedora de la medalla de plata en mi friki-mente: El Fantasma de la Ópera, concretamente el musical de Andrew Lloyd Webber. Sé que obsesionarse con un musical puede resultar extraño, pero os sorprendería la cantidad de gente que comparte mi amor por esta obra maestra. Desgraciadamente la mayoría de estos frikis están en Inglaterra o Estados Unidos, así que cuando conozco a algún español (casi) tan obsesionado como yo, se convierte automáticamente en mi mejor amigo/a 
Lo que el Fantasma ha unido que no lo separe el hombre

Todo empezó cuando tenía doce años. Mi familia y yo nos fuimos unos días a Londres y, por supuesto decidimos ir a ver un musical en el West End, que es como el Broadway inglés. (Cuando alguien dice que la Gran Vía es el Broadway español me río. Me río mucho.) El musical elegido fue The Phantom of the Opera. ¿Por qué? Por varias razones:


1- Mi madre tenía el disco y estaba deseando verlo en directo
2- Está considerado "El mayor espectáculo del mundo". Lleva recaudados más de 5,6 billones de dólares. Se ha representado más de 65.000 veces, en 28 países diferentes. 
3- Se dice que es el mayor éxito del mundo del espectáculo. Ha superado e ingresos a películas tan taquilleras como Titanic, Avatar o la saga de la Guerra de las Galaxias.
4- Cuenta con el record guiness de mayor permanencia en Broadway. 28 años. En Londres se lleva representando 30 años sin parar... Ahí queda eso. 

Estaba claro que parecía la mejor opción. Y lo fue. ¡Vaya si lo fue! 
Salí del teatro completamente hechizada por lo que acababa de ver. Y ese fue el principio. El principio de la obsesión sin fin.
Volví a verlo otra vez, y otra...En Londres, en Nueva York y en Madrid. En total ocho veces. ¡Y me parecen pocas! Estoy deseando que llegue la novena.
Muy pronto Los Beatles tuvieron que resignarse a ceder un poco de espacio a mi nueva y creciente obsesión.
Parte de mi "altar" dedicado al Fantasma

El musical me llevó a leer el libro "Le Fantome de L´Opera" en el que se basa. Con el tiempo me convertí en una experta en todo lo relacionado con esta historia. Hice trabajos, investigaciones, e incluso entrevisté a la bisnieta de Gaston Leroux, el autor del libro, en París. Ella, al igual que su bisabuelo, afirma que El Fantasma de la Ópera fue real.  De hecho, esta es la primera frase del libro: El Fantasma existió realmente. 
Es cierto que en el siglo XIX hubo una serie de extraños sucesos en la Ópera Garnier de París que llevaron a creer en la existencia de un ente fantasmagórico que habitaba en el edificio.También se decía que este misterioso "fantasma" era en realidad un hombre desfigurado que vagaba por el teatro, enamorado en secreto de una famosa soprano. 
Según parece, Gaston Leroux, periodista de profesión, cubrió varias de las noticias relacionadas con estos hechos, y decidió que la historia bien se merecía un libro entero, y no unos simples artículos de periódico. 
Con Veronique Leroux. Bisnieta de Gaston Leroux
Presentando un trabajo sobre los musicales


Visité varias veces la Ópera Garnier e intenté bajar a los sótanos donde, en teoría, habitaba este hombre de rostro desfigurado. Me inventé que estaba escribiendo un libro, que me encontraba en medio de una investigación...Pero nada sirvió para convencer a los responsables de que me permitieran echar un vistazo. Al parecer, toda la zona del sótano está en ruinas, y sólo pueden bajar los bomberos en ocasiones puntuales. 

¿¿Por qué demonios me hice actriz en vez de bombero??


El palco nº 5 de la Ópera de París, donde supuestamente se escondía el misterioso fantasma

Lo que está claro es que la chica que entró en ese teatro de Londres no es la misma que la que salió de él. La música, la historia... Todo era simplemente maravilloso. Puedo decir sin avergonzarme que este musical me cambió la vida. A partir de ese momento empecé a interesarme mucho más por la música. Poco después empecé a acudir a clases de canto, fui mejorando, y con el tiempo conseguí diversos trabajos como cantante. Todo gracias a un señor llamado Andrew Lloyd Webber, que decidió ponerle música a la que, en mi opinión, es la historia de amor más bonita jamás contada.

Si tenéis oportunidad id a ver esta obra maestra. Prometo que no os decepcionará. 
150 millones de espectadores no pueden equivocarse ;)
¡Avisadme y voy con vosotros! ¡A por la novena!


sábado, 13 de febrero de 2016

No es amor, es obsesión- Parte 1

Aquí, en este blog, ante mis cientos de miles de lectores (juas) y sin vergüenza alguna, confieso abiertamente y llena de orgullo que soy una FRIKI. No, no es lo que pensáis. No me gustan demasiado los comics, ni soy muy fan del anime. Es cierto que, por lo menos en España, el término "Friki" se asocia al típico chaval o chavala obsesionado con Star Wars, los comics, el manga etc. Yo no soy muy fan de nada de eso -salvo de Star Wars, que me encanta- pero igualmente me considero una friki redomada, porque friki se puede ser de muchas cosas. En mi caso, hay dos grandes obsesiones-amores en mi vida: Los Beatles y El Fantasma de la Ópera. 
Estas dos cosas se han convertido en verdaderas religiones para mí.

Empezaré con la obsesión número uno, la más temprana y la más potente: The Beatles

Muchas veces la gente me dice "Oye, tienes muy buen inglés, ¿dónde aprendiste? ¿Estudiaste en Inglaterra?" Y yo siempre respondo "Aprendí inglés gracias a mi madre y a Los Beatles" Mi madre es bilingüe, y desde pequeñita solía hablarme en inglés de vez en cuando. También desde pequeñita mis padres empezaron a ponerme canciones de Los Beatles, y a mi me encantaban. No sabía casi hablar, pero balbuceaba las letras qué no veas...Mi padre me dio el mango de un destornillador roto para que hiciese las veces de micrófono, y me lo pasaba pipa emulando a los Fab Four con mi grupo imaginario "Los Jabalíes". A día de hoy no tengo ni idea de por qué elegí ese nombre, ¿Los jabalíes? WTF? En fin...

Escuchando música inglesa desde ta pequeña el oído se me fue acostumbrando. También miraba lo que significaban las letras, leía las traducciones y casi sin darme cuenta aprendí a hablar inglés. Ni inglés en 1000 palabras, ni Vaughan ni nada, ¡Beatles en vena! 
Mis pobres padres no se dieron cuenta de que habían creado un monstruo... En una ocasión recuerdo que mi padre me estaba llevando al colegio en el coche. Yo volví a poner por enésima vez la cinta de casete de A Hard day´s night (los que tengáis quince o menos años estaréis pensando "¿cinta de qué?") que estaba ya vieja y cochambrosa. Mi padre estaba oyendo algo en la radio que le interesaba mucho, así que me dijo que ya bastaba de Beatles, que él también los adoraba, pero que había vida más allá. Para mí no. Me dio una pataleta porque si yo no escuchaba a Los Beatles de camino al colegio mi vida no tenía sentido. Me puse a berrear en modo "niña insoportable" a tope, hasta que logré sacar de sus casillas a mi pobre padre, que terminó sacando al cinta y rompiéndola delante de mí.

                        

Creo que aún se escucha el eco de mi grito desesperado. Creo que hasta reventaron los cristales del coche. Yo, con mis inocentes, y a veces repelentes, cuatro años, pensaba que los Beatles provenían de una cosita mágica llamada cinta de casete, y que si eso se destruía ya no podría volver a escucharlos nunca más. Cuando mi padre vio que mis ojos se salían de las órbitas y que no tardaría en empezar a convulsionar, me aclaró que podría escucharlos siempre que quisiera, y al llegar a casa me grabó corriendo no se cuántas cintas más. Pobre...

Ese fue sólo el comienzo de la obsesión. A partir de ahí fue en aumento. Mi habitación se convirtió en un museo temático. Pósters, libros, figuras, chapas... La lista es interminable. 
La obsesión llegó a uno de sus puntos más álgidos cuando mi madre me llevó a Liverpool como regalo de cumpleaños. ¡Liverpool! ¡La meca! ¡Lugar de peregrinación sagrado! Me río yo de los niños en Disneylandia.

Se podría decir, de forma un poco cursi, que le han puesto música a mi vida. Aunque tenga el día más asqueroso del mundo, si escucho alguna canción suya siempre sonrío.  Para mí son los dioses del mundo de la música y no concibo la vida sin ellos. Curiosamente, este lema nunca me ha fallado:
                      
Si alguien me dice muy convencido "Uy, pues a mí no me gustan nada los Beatles" yo haré dos cosas:
1º- Darle el pésame 
2º- Desconfiar de él

Si dices que no te encantan, pase
Si dices que te gusta más otro grupo, pase 
Si dices que "están bien" pase.
Pero si dices que no te gustan, yo no te adjunto.

Drástico, lo sé, pero no soy yo, es el frikismo el que habla.
                                         
                                
¡Choca esos cinco!
                                               


sábado, 30 de enero de 2016

Yo sobreviví a una gira de teatro infantil


Una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida ha sido formar parte de una compañía de teatro infantil. A menudo se menosprecia este tipo de teatro. Ya comenté en el post "Cinco cosas que odiamos los actores" que algunas personas piensan que si no sales en la tele es que no eres actriz. Pues bien, hay otro tipo de gente que afortunadamente te considera actriz si haces teatro, pero NO si haces teatro infantil. O sea, que si no estás en el Teatro Español haciendo Fuenteovejuna, no vales para nada. Os asombraría la cantidad de personas clasistas que puede haber en el mundo de la "Tarántula" como decía la vecina de un amigo pianista de mis padres. Lo de "Farándula" le sonaba raro a la mujer, así que a menudo le preguntaba "¿Qué tal todo por el mundo de la Tarántula? Francamente, si existe ese mundo, prefiero no conocerlo. 

Volviendo al tema. Las obras infantiles están llenas de mundos maravillosos (sin tarántulas) de imaginación y de magia. Eso sí, no se puede montar una obra gracias a la magia, qué más quisiéramos nosotros.  Detrás de cada espectáculo hay muchas horas de ensayos, planificación, preparación del personaje, etc. Puede ser realmente agotador, pero compensa con creces, pues no hay público más entregado y agradecido que los niños. Si les gusta la obra te aplaudirán, te lanzarán besos, y te harán sentir como Los Beatles en su mejor época.
No obstante, son muy exigentes y si no les gusta lo que ven no dudarán en expresarlo de forma muy clara y concisa ("buuuuu, fuerraaaa, cacaaaa" son algunos ejemplos)

En mi caso, me uní a una compañía que tenía programadas funciones por casi todas las comunidades autónomas. La gira se iniciaba en noviembre y prácticamente cada día nos subíamos en nuestra furgoneta y viajábamos a otra ciudad.  Tres actores, un técnico y muchos, muchos, destinos. 

La mayoría de compañías de teatro infantil que viajan por España están compuestas por muy pocas personas, por lo que los actores a menudo tienen otras obligaciones además de actuar. Normalmente somos nosotros los encargados de descargar y montar los decorados. Por supuesto, después de las funciones - normalmente hay dos o tres cada día- también somos los actores los que lo desmontamos y guardamos de nuevo en la furgoneta. ¡Y a viajar otra vez!
Admito que soy una copiloto pésima. El técnico conducía horas y horas tras una dura jornada, por lo que procurábamos mantenerlo entretenido. Lo malo es que el traqueteo de la furgoneta tenía un efecto absolutamente soporífero en mí, por lo que casi me tenía que pegar los párpados con celo para no dormirme. 
Me hubiera venido fenomenal este invento
Lo cierto es que menudo fallaba en mi propósito de mantenerme despierta. Recuerdo una vez en León en que yo no me sentía muy bien, debía de tener un poco de fiebre. Nos montamos en la furgoneta, parpadee y de pronto estábamos frente a las torres Kio. Aún sigo creyendo que nos teletransportamos.

La furgoneta era como nuestra segunda casa, más que nada porque pasábamos más horas en ella que en cualquier otro sitio. La llamamos Dulcinea, ya que tenía una pegatina con el nombre de la novia del Quijote pegada en la parte de atrás. En ella veíamos películas, dormíamos (sobre todo yo) cantábamos a voz en grito y solucionábamos los problemas del mundo. Dulci se portaba bien, pese a los años que tenía y lo mucho que trabajaba. En años y años de giras había sufrido múltiples golpes, reparaciones, secuestros por parte de la grúa, y hasta un robo.
Recuerdo que en una ocasión nos dirigíamos a Albacete con un técnico nuevo, recién incorporado a la compañía. El chico paró a echar gasolina justo cuando mis compañeros y yo estábamos inmersos en una conversación apasionante (tal vez hablábamos de que Justin Bieber había dejado a Selena Gómez) Antes de bajarse de la furgoneta nos preguntó si ésta era diesel o gasolina. Nosotros nos miramos como si nos hubiera preguntado la raíz cuadrada de 67236.
- Eh...Pues no sé. Será gasolina- Dijimos- Y retomamos nuestro apasionante debate. El pobre técnico se fió de nosotros, y echó gasolina. Por supuesto, resultó que la furgoneta funcionaba con diesel. 
Diez minutos después de haber retomado la marcha, Dulcinea se paró, ofendidísima por haberla alimentado con porquería de gasolina,  y entonces nos dimos cuenta de nuestro fatal error.
Para mí, lo peor de todo no fue esperar siglos a la grúa, ni buscar un taller, ni rezar porque no hubiéramos matado para siempre a la pobre Dulci. Para mí lo peor fue que me tocó llamar al jefe para contarle la buena nueva. Os aconsejo que nunca empecéis una frase con "Hola. No te asustes..."

Dulci sobrevivió y nos siguió llevando por toda España. De provincia en provincia, de hotel en  hotel. Me convertí en una auténtica experta en hostelería. Con tan solo echar un vistazo rápido al hotel, ya sabía si sería bueno, malo o categoría "Bates Motel"  Nuestro jefe siempre intentaba encontrar el hotel que tuviese una mejo calidad-precio, pero de vez en cuando nos llevábamos sorpresas, y no precisamente agradables. En una ocasión, llegamos a un hotel - por llamarlo de alguna manera- perdido de la mano de Dios. A nuestra llegada nos recibieron unos perros famélicos en un páramo polvoriento en medio de la nada. Parecía el set de rodaje de Abierto hasta el amanecer. Había un clásico Bar Pepe, con sus correspondientes Pepes tomándose su carajillo verpertino. Resultó que el bar también hacía las veces de recepción. Nos dieron una llave a cada uno, sujeta a una madera del tamaño de un ladrillo. Casi hacía falta una carretilla para llevarla. 
La decoración de la habitación seguía los principios básicos de la clásica decoración rancia y hortera de los moteles de hace 70 años: cuadros de ciervos, colchas con agujeros de cigarrillos y manchas sospechosas, y suelo de baldosas con motivos florales espantosos. Yo me planteé seriamente dormir colgada boca abajo cual murciélago cuando vi pelos en mi almohada. 
Lo mejor fue que al abrir el cajón de la mesita de noche nos encontramos tallada en la madera un mensaje de un huésped poco satisfecho que quiso compartir su impresión sobre el "hotel" con los futuros visitantes:


Si estás en este hotel, jódete que te han timao

Creedme, a estas alturas ya nos habíamos dado cuenta.

Yo siempre compartía habitación con Sandra, una actriz vallisoletana que llegó a mi vida para quedarse. La gira no habría sido lo mismo sin ella. Las dos compartíamos el mismo sentido del humor absurdo, así que nos hicimos amigas íntimas,  además de compañeras de aventuras. Sobra decir que en las giras de este tipo más te vale llevarte bien con tu compañero/a de habitación, o tu vida puede convertirse en un infierno. 
Hacíamos mucho el tonto

Obviamente, Sandra no estaba tampoco demasiado contenta con el hotel en cuestión. Fue a inspeccionar el baño y salió hecha una furia:
- ¡La ducha está fija! ¡No se puede sacar! ¿Cómo se supone que voy a lavar mis partes? ¿Haciendo el pino?
Creo que mis carcajadas le quitaron un poquito el enfado.

- Mira, Sandra, yo me conformo con que no venga el dueño vestido de su madre a apuñalarnos en la ducha.


¡La ducha no es extensible! ¿Cómo se atreven?

 Nos levantábamos siempre muy temprano, entre las seis y las seis y media. Las funciones se hacían o bien en auditorios o en los colegios que tenían su propio teatro. La obra duraba alrededor de una hora, por lo que era habitual tener varios pases con colegios distintos. Los días que había tres pases acabábamos agotados. Yo me enrollaba cual contorsionista en la parte de atrás de la furgoneta y "despertadme cuando estemos en Bilbao". 
Fue precisamente en Bilbao donde tuvimos la función más espantosa de la historia.
Nuestra obra era un cuento clásico orientado a niños de edades entre tres y cinco años, no más. Alguna vez venían niños de ocho o nueve, pero lo habitual eran los cursos de educación infantil. 
Aquel día nosotros ya estábamos detrás del decorado esperando para salir. Nunca veíamos al público hasta que empezaba la representación. Yo salí a escena tranquilamente y lo que vi me dejó helada: ante mí había unos 150 niños (sólo niños, no niñas) de aproximadamente doce años, vestidos con chaqueta y corbata, altísimos y fuertes como buenos vascos,  que me miraban con una expresión entre incredulidad y vergüenza ajena. Yo no sabía donde meterme. ¡Pero si estos chicos estaban ya en la pubertad! ¿¡Pero por qué han venido a ver esta obra, Dios mío? 
Cuando salí de escena vi a Sandra vestida de hada madrina y con una expresión de terror absoluto. Me miraba y me decía muy bajito y con muchos aspavientos:
- ¡Yo no salgo otra vez! ¡NO SALGO!
Pero salió, claro. The show must go on
Intentamos hacerlo todo un poco menos infantil y, lo creáis o no, al final los chavales se lo pasaron bien. Eso sí, la vergüenza me duró toda la obra, y cuando se cerró el telón fui la mujer más feliz de la Tierra.
No mucho después la pobre Sandra se cayó justo antes de salir a escena y se hizo una herida en la pierna con un hierro. Ella siguió, claro, porque a no ser que te pongas de parto o que directamente te mueras, no puedes parar. Pero Sandra vio que los niños le miraban la pierna horrorizados. Tenía goterones de sangre resbalándole hasta el pie. Muy Disney todo. Al final del día le tuvieron que poner la anti tetánica. 

Fue una experiencia agotadora pero si volviera al pasado lo volvería a hacer sin dudarlo. Cada día era diferente, una ciudad nueva, un teatro nuevo, un colegio nuevo. Llegaba un punto en que yo ya no sabía donde estaba. ¿Málaga? No, Málaga fue ayer, anoche llegamos a ...¿Cuenca? Tengo las ciudades tan mezcladas que a día de hoy cuando me preguntan si he estado en tal o cual sitio ya no lo sé con certeza, pero siempre respondo "Seguro que sí"

































martes, 19 de enero de 2016

Ser guía turística y no morir en el intento

Una de las actividades profesionales que compagino con mi profesión de actriz es la de guía turística. Lo cierto es que el trabajo de guía y el trabajo de actriz no son tan diferentes: en ambos hay que contar historias. 
Además de Interpretación, estudié Historia del Arte, y eso, unido a mi buen nivel de inglés me ayudó a encontrar trabajo.
Para mí, es verdaderamente gratificante poder contar la historia de mi ciudad, hablar de batallas, anécdotas, leyendas... Y me encanta poner a prueba los conocimientos de los turistas sobre nuestro país, sobre todo a los anglosajones.

- A ver, ¿Qué hacemos los españoles la noche del 31 de diciembre?
- Drinking, drinking!!
-Sí, eso también, pero tenemos una tradición muy especial que está relacionada con la fruta. ¿Sabéis qué es?
Todos los australianos, ingleses y norteamericanos me miran con cara de Póker. Entonces les cuento la tradición de las doce uvas. 
Uva en inglés es grape. En una ocasión un chico no me escuchó bien, y entendió crêpe, así que por un momento pensó que los españoles nos comíamos doce crêpes, una por cada campanada. Como si no fuese suficientemente difícil comerse una uva por segundo, intenta una crepe por segundo. 

En Madrid hay muchísimas empresas de visitas guiadas. La mayoría de los tours empiezan sobre la misma hora, por lo que los distintos guías nos vemos obligados a batallar una mini guerra. En verano, hacemos una carrera para coger el único sitio con un trocito de sombra. En invierno, rezamos para poder refugiarnos debajo de una cornisa. 
La mayoría somos profesionales, pero hay alguno que coloca a su grupo de alemanes gigantes justo a tu lado mientras grita su explicación, o que prácticamente te echa chinchetas a los pies para poder llegar primero al kilómetro 0 de la Puerta del Sol.

Siendo guía te das cuenta de la cantidad de clichés que se han formado en torno a cada nacionalidad. En nuestro caso son los clásicos "siesta, toros, flamenco", siendo la siesta el más "trending topic" Muchísimos turistas me preguntaban, muy preocupados, si habría algún establecimiento abierto a la hora de la siesta. Bendita ingenuidad. Las tiendas de Amancio Ortega nunca duermen. 

Algún que otro extranjero viene a Madrid pensando que este es una especie de país tercermundista. Recuerdo a una pareja de Estados Unidos a quien le sorprendió mucho que aquí hubiese McDonalds. ¿Cómo no va a haber McDonalds? ¡Esa gran aportación a la salud mundial! Cuando colonicemos la luna, lo primero que habrá será un McDonalds, un Mercadona y un parquímetro.

Si has estado en el centro un sábado a las ocho de la tarde sabrás que es todo un espectáculo: bob esponja, bart simpson, un imitador de Michael Jackson, un predicador que grita mucho, y vendedores de bolsos "Dolce & Catana" o "Chunnel", súper auténticos. Si vas a las 8 de la mañana, el espectáculo es otro. Muchos tours suelen empezar por la mañana temprano.
Os voy a hablar de "la fauna" mañanera de Sol, compuesta por mis "personajes" favoritos, a los que veía prácticamente a diario:

1- LAS RUMANAS DISFRAZADAS: Casi todos los días, sobre la misma hora, llegaba a Sol un grupo de chicas rumanas. No llamaban mucho la atención, pues iban vestidas como cualquier chica joven:  camisetas, vaqueros y deportivas, Charlaban, whatsappeaban o escuchaban música. El primer día que las vi apenas me fijé en ellas. El segundo día, me pregunté qué harían esas chicas en el centro tan temprano. El tercer día lo entendí. Volví a pasar por el centro a mediodía y reconocí a varias de ellas, pero ahora la ropa de Bershka había sido sustituida por pañuelos en la cabeza, chaquetas viejas, faldas largas y zapatillas de andar por casa. Llevaban la cara manchada y agitaban las monedas de su vaso de plástico para llamar la atención, y así conseguir algún eurillo más.
Estas chicas se habían puesto un disfraz de pobre. Cada día las veía llegar relucientes para luego encontrármelas disfrazadas, manchadas y con expresión triste.

Para que os hagáis una idea del cambio


2- LA DISNEYLANDIA CUTRE Y SUS HABITANTES:
Cansada de que cada día los turistas me preguntasen por qué tanta gente llevaba disfraces de dibujos animados o de personajes famosos, decidí advertirles, antes de llegar a Sol, de que esta plaza es una especie de "Tacky Disneyland", o lo que es lo mismo, una Disneylandia cutre.
Pocoyo, Minions, y Minnies son solo unos pocos de los muchísimos personajes que se dejan ver por allí. También son habituales Bart Simpson con una camiseta del Barcelona y Homer Simpson con una camiseta del Real Madrid, que a veces hacen como que se pelean para llamar la atención.
Si alguien se quiere hacer una foto junto a cualquiera de ellos, deberá pagarle una pequeña propina.
Normalmente la gente lo sabe, y no suele haber problemas, pero recuerdo una vez que uno de mis turistas se hizo una foto con Bob Esponja y no le dio propina, por lo que Bob Esponja me dijo, muy indignado, que eso no se podía consentir. Hablé con el turista y finalmente le dio una monedilla. Debo admitir que resulta muy divertido tener delante a Bob Esponja, con su eterna sonrisa, mientras escuchas al señor que está dentro despotricando sobre los turistas.

No me puedo ni imaginar el calvario que debe ser enfundarse uno de estos trajes en verano. Por supuesto, durante los meses más calurosos, tienen que tomarse descansos muy a menudo. Mi estampa favorita era ver al señor del traje de Minnie Mouse, con la enorme cabeza levantada como la visera de un casco, fumando apoyado en una farola, con su faldita de lunares y una expresión de cabreo absoluta.

3- LA PAREJA DEL ACORDEÓN
Son habituales de la calle Arenal. Él toca, ella canta. Mejor dicho, él toca y ella hace un sonido indescriptible, una especie de mezcla entre tarareo y lamento, que penetra en el cerebro y nunca te abandona. Deben rondar los ochenta años. Les veía todos los días, siempre sonrientes, al señor asomándole el único diente que tiene. 
En una ocasión, un indigente bastante borrachillo no parecía estar disfrutando del show, por lo que empezó a gritar a pleno pulmón, mientras se tapaba los oídos ¡¡ME CAGO EN TU PUTO ACORDEÓN!!  Los músicos siempre aguantando penurias...

4- LOS LEVITADORES
La primera vez que ves a estos mimos desafiando las leyes de la gravedad te quedas impresionada. Cuando has visto a diez por metro cuadrado, te quedas impresionada de la cantidad de desempleo que hay en Madrid. 
Montan su chiringuito temprano por la mañana, y como no se debe saber su secreto, no les queda más remedio que meterse en una especie de saco para prepararse y que nadie vea donde está el truco.
De vez en cuando pasaba por su lado y escuchaba "¡Au! ¡Mi ojo!" "¡Coño!¡Mi pie! ¡Ten cuidado, tío"
Los turistas miraban extrañados ese saco en movimiento y probablemente pensaban que dentro de él había dos (o más) personas teniendo sexo. 

5- LOS CAPTADORES DE LAS ONG
O como tiene a bien llamarles una buena amiga mía "Cansa almas", porque cansan, todo hay que decirlo. Pero son verdaderamente admirables. No debe ser fácil sentirse como un leproso mientras haces tu trabajo. Ellos se acercan con su mejor sonrisa y ven como su víctima huye de ellos como de la peste, dejándoles con su "Hola caballero" flotando en el aire. 
Por muy concurrida que esté una calle, siempre hay un espacio vacío rodeándoles. Todo el mundo los esquiva, todo el mundo los evita. Todo el mundo finge hablar por teléfono cuando pasan por su lado. Todo el mundo parece estar muy interesado en el cielo o en el suelo cuando se aproxima a uno de ellos. Todo el mundo tiene prisa. Todo el mundo se ha hecho el extranjero o el sordo mudo. Admítelo, querido lector, tu también lo has hecho.